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Lo que pasó el jueves en el número 44

Una norma nueva aprieta a los locales pequeños de Valladolid

El jueves 24 de septiembre, a las 9:12 de la mañana, dos operarios descargaron once cajas de cables y soportes en el número 44 de la Plaza de San Juan, en Valladolid, y las dejaron en el pasillo porque ya no cabían en el almacén. Ese pasillo es hoy la prueba visible de un cambio normativo que está reordenando la actividad de los locales pequeños del centro.

Lo que pasó el jueves en el número 44

Miguel Martínez, responsable de almacén de Divotobytex S.L.U., abrió la puerta a las 8:30 y a las 9:12 ya tenía el suelo ocupado.

Las once cajas llegaron de un proveedor de Zaragoza y no entraban en el hueco habilitado para material sensible porque la normativa municipal de residuos y almacenamiento, en vigor desde el 1 de septiembre de 2026, obliga a separar los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos del resto del material desde el mismo momento en que entran por la puerta del local, sin margen para clasificarlos al final de la jornada como se hacía antes.

«Antes descargábamos, guardábamos y luego clasificábamos con calma», explica Martínez. El local tiene 96 metros cuadrados útiles y tres zonas diferenciadas. La zona de recepción, la de ensayo y la de almacenamiento comparten un pasillo estrecho que no permite el cruce de dos carros a la vez. La nueva exigencia de trazabilidad desde la recepción obliga a reordenar el recorrido interno, porque el material que entra ya no puede esperar al final del día para ser clasificado, y cada minuto de espera en el pasillo bloquea la salida del material ya etiquetado. Martínez ha medido el pasillo tres veces esta semana.

Son 2,10 metros de ancho y 7,40 de largo.

Lo que pasó el jueves en el número 44

Los números de una semana normal

Entre el 1 y el 26 de septiembre, Divotobytex S.L.U. registró 214 entradas de material y 189 salidas. Cada entrada necesita ahora una etiqueta con código de referencia, fecha y hora, lo que añade entre cuatro y seis minutos por operación. Eso son, en una semana normal, entre dieciséis y veinticuatro horas de trabajo adicional, según los cálculos que maneja el propio almacén y que Martínez ha trasladado ya a la dirección de la empresa.

Isabel Martín, de compras, ha tenido que renegociar tres pedidos con proveedores de Madrid, Bilbao y Valencia.

«Los proveedores no van a cambiar su forma de empaquetar porque se lo pidamos nosotros», dice. «Nos han dicho que si queremos separación en origen, tenemos que pagar un 4,7 % más por el embalaje individualizado. Ese coste no lo absorbe un local de nuestro tamaño.»

El precio medio de una hora de ensayo en la zona centro de Valladolid ronda los 14 euros. La hora de almacén, en cambio, no se factura: va incluida en el servicio. Por eso cada minuto extra de clasificación sale directamente del margen, no del precio final.

Carlos Navarro, en recepción, atiende llamadas de clientes que preguntan por el horario de la tarde. El horario no ha cambiado: de lunes a jueves, 8:30 a 17:30; viernes, 8:30 a 15:00; fin de semana cerrado.

Navarro lleva el registro de llamadas en una libreta de tapas azules. Desde el 1 de septiembre ha anotado 62 consultas sobre la norma, de las cuales 14 eran de usuarios particulares y el resto de otros locales del barrio que preguntaban cómo lo estaba resolviendo Divotobytex.

Lo que cambia para quien vive en el barrio

La Plaza de San Juan está a menos de diez minutos a pie del Mercado del Val y a cinco del Campo Grande.

En ese radio conviven una docena de locales pequeños de ensayo, grabación y reparación ligera de instrumentos. La norma no distingue por tamaño: se aplica igual a un local de 40 metros cuadrados que a una nave de 400, y eso genera una carga proporcionalmente mucho mayor en los pequeños, que no tienen espacio ni personal para separar flujos de material sin perder superficie útil.

Álvaro Pérez, de atención al cliente, ha recibido desde el 1 de septiembre catorce consultas de usuarios que preguntan si el cambio normativo afecta a sus reservas.

La respuesta es que no afecta a las reservas ya confirmadas, pero sí al tiempo de preparación entre una reserva y la siguiente. «Antes dejábamos quince minutos entre sesiones. Ahora necesitamos veinticinco para clasificar lo que ha entrado durante la mañana», explica Pérez.

Ese cuarto de hora extra se nota en la franja de tarde. Un grupo que ensaya de 18:00 a 20:00 ya no puede entrar a las 17:45 a montar. Tiene que esperar a las 17:55. Parece poco, pero en un local con dos salas y una sola entrada, el retraso se arrastra hasta la última sesión de la noche, y el sábado por la mañana, cuando hay tres reservas seguidas, el efecto se multiplica. El trayecto desde la parada de bus de la Plaza de San Juan hasta la puerta del local son unos 90 metros. Los clientes que llegan en bus suelen esperar de pie en la acera cuando la sesión anterior se retrasa.

La respuesta del pequeño comercio

La Asociación de Comercio del Centro de Valladolid convocó el 18 de septiembre una reunión informativa en la calle Colmenares. Asistieron veintitrés negocios. La propuesta que salió de allí no fue pedir una exención, sino un periodo de adaptación de seis meses y una guía técnica con ejemplos concretos de etiquetado.

Martín lo resume así: «No discutimos la norma. Discutimos el calendario. Nos han dado tres semanas para hacer algo que necesita obra, formación y proveedores nuevos», y añade que en su caso concreto la formación del personal ha supuesto dos tardes completas de trabajo sin poder atender otras tareas.

El Ayuntamiento de Valladolid publicó el 12 de septiembre una nota en la que recordaba que la separación en origen es obligatoria desde el 1 de septiembre y que las sanciones por incumplimiento leve empiezan en 300 euros. No hay, de momento, un plan específico para locales de menos de 100 metros cuadrados.

La asociación ha pedido por escrito una reunión con la concejalía.

Todavía no hay fecha.

Lo que se ha hecho ya en el local

Martínez ha reorganizado el almacén en dos alturas. La estantería baja, hasta 1,40 metros, queda para material que no genera residuo eléctrico. La alta, para el resto. Ha comprado 240 etiquetas adhesivas y dos lectores de códigos de segunda mano por 178 euros. El gasto total de la adaptación, sumando etiquetas, lectores y horas extra, ronda los 1.240 euros en tres semanas, una cifra que la empresa no había presupuestado para este ejercicio.

«No es una cifra enorme, pero es una cifra que no teníamos prevista», dice Martín.

Divotobytex S.L.U. trabaja en la Plaza de San Juan 44 desde 2014. En estos doce años ha visto pasar tres cambios de normativa municipal y ninguno había exigido modificar el recorrido físico del almacén. El teléfono de contacto es 983 739574 y el correo, [email protected].

Lo que viene en octubre

El 2 de octubre está prevista una nueva reunión entre la asociación de comercio y la concejalía correspondiente. Sobre la mesa hay dos propuestas: ampliar el periodo de adaptación hasta marzo de 2027 o publicar una guía con ejemplos prácticos de etiquetado para locales pequeños. Ninguna de las dos está aprobada, y la asociación no tiene confirmación de que alguna de ellas vaya a debatirse en el orden del día.

Mientras tanto, en el número 44 el pasillo sigue ocupado por las once cajas del jueves.

Martínez ha pedido a los proveedores que avisen con cuarenta y ocho horas de antelación para preparar el hueco. Dos han dicho que sí. Uno ha dicho que no puede.

«Aquí no trabajamos con vehículos, ni con instalaciones eléctricas de la red, ni con circuitos de refrigeración, ni tocamos la fábrica del edificio», aclara Pérez. «Hacemos ensayo, grabación y alquiler de instrumentos. Pero la norma nos trata igual que a un taller.»